Gracias a DragoN que ha escrito en Artículos sobre seguridad los siguientes consejos:
1. Los programas y módulos de Control Parental son una parte importante para mantener la seguridad en línea de los más pequeños. Padres y profesores deben entender cómo funcionan estos servicios para, así, poder proteger a toda la familia de los peligros Web. Sobre todo, deben evitar que los niños se sientan “espiados”.
2. El ordenador debe ser colocado en un área común, en la que un adulto puede “echar un ojo” al monitor de vez en cuando; por ejemplo, en la sala de estar.
3. Cuando los menores se creen una cuenta en redes sociales como Facebook ®, los padres o profesores deben estudiar el grado de privacidad de cada sitio y compilar listas de personas de confianza con las cuales los niños puedan comunicarse sin problema.
4. Hay que ser muy conscientes del peligro que puede conllevar que los menores queden físicamente con personas que han conocido a través de estas redes, y si es necesario, un padre o un profesor deben acompañarlos por motivos de seguridad.
5. Hay que enseñar a los niños a poner fin a conversaciones que les incomoden. Si alguien en la web – incluso un amigo – los hacen sentir temor, confusión, ofendidos o amenazados, asegúrese de que sepan encontrar un adulto con quien hablar sobre el tema, y finalizar la conversación a tiempo.
6. Se debe ayudar a los niños a identificar correos electrónicos que contengan spam o con contenido inapropiado y asegurarse de que sepan abstenerse de abrir y reenviar este tipo de mensajes.
7. Los padres o los maestros deben buscar, con cierta regularidad, el nombre de sus protegidos en los motores de búsqueda para ver la información que aparece sobre ellos en blogs, comunidades en las que estén activos, etc.
8. Conozca la jerga de los chat, como acrónimos, emoticonos, etc., para saber exactamente de qué están hablando con los niños en la Red.
9. Durante las actividades que requieran el uso de Internet en clase, los estudiantes deben ser supervisados de cerca.
10. Y, por último, hacer entender a los estudiantes y los niños que no todo lo que ven o escuchan en Internet es verdad. Los desconocidos pueden dar con mucha facilidad Información falsa sobre sí mismos, con el fin de atraer la atención de los más pequeños de la casa.
martes, 27 de abril de 2010
sábado, 24 de abril de 2010
La paradoja de los monos y los plátanos
Copiado del blog de JavierMolonda.com desarrollo personal inteligente
Para ilustrar la necesidad de preguntarse el por qué de las cosas, la necesidad de cuestionarse lo establecido, la necesidad de conocer las propias creencias y desafiarlas regularmente, contaré hoy la paradoja de los monos y los plátanos.
En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría. Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender un busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.
En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación.
El mono nuevo, naturalmente, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera.
Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.
Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.
En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.
“Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
—Albert Einstein
Para ilustrar la necesidad de preguntarse el por qué de las cosas, la necesidad de cuestionarse lo establecido, la necesidad de conocer las propias creencias y desafiarlas regularmente, contaré hoy la paradoja de los monos y los plátanos.
En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría. Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender un busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.
En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación.
El mono nuevo, naturalmente, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera.
Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.
Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.
En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.
“Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
—Albert Einstein
jueves, 22 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
viernes, 16 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
jueves, 1 de abril de 2010
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